Devocional diario

4 de agosto

Él se dio cuenta del hambre

Y Yahshúa (Jesús), llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.
Mathyahu (Mateo) 15:32

La gente buscaba a Yahshúa (Jesús) aun cuando estaba lejos, igual que buscaba a Yojanan (Juan) el Bautista, sólo que a Él lo seguían por la región del lago de Galilea. En esa ocasión lo encontraron en un monte cerca del lago y se quedaron tres días. Al tercero, muchos ya no tenían nada que comer. Él llamó a sus discípulos y les dijo que tenía compasión de la gente, y que no quería enviarla en ayunas para que no desmayara en el camino.

Detenete en lo que Él estaba contando. Nadie se lo dijo. Nadie levantó la mano para avisar que se había quedado sin comida. Él llevaba la cuenta de los días que esa multitud estaba con Él y sabía lo que eso significaba en el cuerpo de cada uno. Los discípulos, en cambio, midieron otra cosa: de dónde iban a sacar tantos panes en el desierto para saciar a una multitud tan grande. Ellos contaron lo que faltaba; Él contó a la gente.

Después vino el milagro. Siete panes, unos pocos pececillos, siete canastas de sobras, cuatro mil hombres sin contar mujeres y niños. Los números son distintos a los de la otra vez, y el milagro fue similar. Pero eso cambia cómo orás, porque muchas veces llegamos a explicarle a Elohim (Dios) nuestra situación como si hubiera que informarle y, de paso, convencerlo. No hace falta. El cansancio que no le contaste a nadie, el gasto que no te alcanza, la noche que no dormís: Él lo tiene registrado antes de que abras la boca.

Hoy dejá de argumentar en tu oración. Decile lo que hay, sin adornarlo y sin defenderlo, y quedate un rato callado esperando.

Este devocional sale deMateo 15