Devocional diario
4 de septiembre
No te prometieron un camino sin dolor
Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse.
Aarón dejó de ganar peso a los siete meses y meses después empezó a caérsele el cabello. Al principio les dijeron a los padres que sería bajito y nada más. Después un pediatra puso el nombre: progeria, envejecimiento acelerado. Aarón nunca pasó de 91 centímetros, no tuvo cabello en el cuerpo, parecía un viejito siendo niño y murió de edad avanzada al comenzar la adolescencia. Su padre era rabino, y lo que sintió fue un sentido profundo y doloroso de injusticia.
Le llevó como año y medio después de la muerte llegar a una conclusión distinta. Entendió que a ninguno de nosotros se le prometió en ningún momento una vida libre de dolor y de desengaño. Lo que sí está prometido es otra cosa: que no tenemos que estar solos en el dolor, y que la fuerza para atravesarlo puede venir de afuera de nosotros. Elohim (Dios) no fabrica nuestras desgracias; nos ayuda inspirando a otra gente a ayudarnos.
Ese corrimiento cambia todo el modo de orar. Si lo que esperás es que el dolor no pase, cada golpe te va a parecer una traición. Si lo que esperás es no quedarte solo, empezás a reconocer la ayuda cuando llega, y casi siempre llega con cara de gente: un vecino, un médico, alguien que se queda sentado al lado sin decir nada brillante. Esa es la ayuda que Él manda, y se la pierde el que insiste en atravesar el dolor solo para no molestar a nadie.
El texto no dice que el justo no cae. Dice que cae siete veces y se levanta. Hoy no te pido entender por qué estás en el suelo. Te pido que le pongas nombre a una persona a la que vas a dejar entrar a ayudarte, y que la llames.


