Devocional diario

5 de mayo

El pueblo que le pidió que se fuera

Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Yahshúa (Jesús); y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.
Mathyahu (Mateo) 8:33-34

Yahshúa (Jesús) y sus discípulos vivían en Nazaret, al noroeste del lago. Esa vez fueron al lado opuesto, al sureste, a la región de Gadara, donde el estilo de vida no era judío sino griego y romano. Se nota en un detalle: allí se criaban cerdos para consumo, algo prohibido en la Toráh. Y los cerdos no eran lo único impuro del lugar. Al llegar a la orilla les salieron al encuentro dos endemoniados que vivían en los sepulcros, tan feroces que nadie podía pasar por aquel camino.

Esos hombres solían atacar a los caminantes, pero ante Yahshúa (Jesús) reaccionaron distinto: gritaron reconociéndolo como Hijo de YAHWEH (Jehová) y preguntando si había venido a atormentarlos antes de tiempo. Los demonios son ángeles caídos que se rebelaron, pero reconocen Su poder y Su soberanía. En Gadara hacían lo que querían; frente a Él admitieron que tenía autoridad. Sabían además que un día serían lanzados al lago de fuego, y apelaron porque sabían que ese día no había llegado. Pidieron pasar al hato de cerdos, y el hato se despeñó al mar.

Lo que sigue es lo más duro del relato. Dos hombres quedaron libres, y la ciudad entera salió a rogarle que se fuera. Tal vez estaban molestos por la pérdida de los animales, tal vez no querían reconocer al Elohim (Dios) de Israel. Pasa con mucha gente que presencia un milagro y aun así no cree: el problema no es la falta de pruebas. El estudio deja además una observación abierta. La Biblia no cuenta qué pasó después en Gadara, pero Yahshúa (Jesús) enseñó que el espíritu inmundo que sale anda por lugares secos buscando reposo, y si vuelve y encuentra la casa barrida y adornada, entra con otros siete peores que él.

Preguntate hoy qué te está costando más que la libertad de alguien, y decile a Él que se quede.

Este devocional sale deMateo 8