Devocional diario
5 de julio
La semilla es la misma
Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.
El sembrador salió a sembrar. Parte de la semilla cayó junto al camino y vinieron las aves y la comieron; parte cayó en pedregales, donde brotó pronto y se secó por no tener raíz; parte cayó entre espinos, que la ahogaron; y parte cayó en buena tierra, y dio fruto a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Los discípulos no entendieron a qué se refería y le preguntaron en privado.
Notá lo que Yahshúa (Jesús) dejó fijo al explicarla: la semilla es la misma en los cuatro casos, y representa la Palabra de YAHWEH (Jehová). Lo que cambia es el lugar donde cae. En el camino está el que no entiende la Palabra. Entre las piedras, el que la recibe con gozo pero no echa raíz y la suelta cuando llega la aflicción o la persecución. Entre los espinos, el que oye pero no lo lleva a la práctica, porque se distrae con los afanes de la vida y el engaño de las riquezas. En buena tierra, el que oye y pone por obra. Yaakov (Santiago) lo dice sin rodeos: la fe sin obras está muerta.
Eso corre la pregunta de lugar. No se trata de conseguir mejor predicación, mejor congregación o mejor libro: la semilla que te llega es buena. Se trata del estado de tu terreno esta semana. Y el terreno se conoce por lo que pasa cuando aprieta: si una crítica te apaga, tenés poca raíz; si la plata y el apuro te comen el tiempo de Elohim (Dios), tenés espinos.
Hoy identificá tu espino más grande, el que más te ahoga, y sacale una hora. Una hora concreta, en el día de hoy, devuelta a la Palabra.


