Devocional diario

5 de septiembre

Sacá la linterna, no el comentario

El fruto del justo es árbol de vida.
Mishlei (Proverbios) 11:30

Alguien estaba en el cine cuando se fue la energía eléctrica y la sala quedó a oscuras. Hubo pánico de inmediato. Uno gritó: «¡Se fue la luz!». Otro dijo: «¡Está muy oscuro!». Los dos tenían razón y ninguno de los dos aportó nada. Después hubo un tercero que sacó una linterna, y con eso alcanzó para calmar a toda la sala mientras volvía la corriente.

La escena separa a la gente en dos grupos, y no por capacidad sino por decisión. Unos se dedican a describir en voz alta lo que ya es obvio para todos. Otros llevan algo encima y lo encienden. La diferencia entre los dos no fue el diagnóstico —los tres vieron lo mismo— sino que uno trajo luz a un lugar donde faltaba. Yahshúa (Jesús) dijo de sí mismo que Él es el camino, la verdad y la vida, y esa es la luz que no se apaga.

Alrededor tuyo hay salas a oscuras: un compañero de trabajo que viene cayéndose, una hermana que está pasando algo y no lo cuenta, un vecino que perdió el empleo. Rara vez se presentan grandes oportunidades de ayudar a alguien, pero las pequeñas te rodean todos los días. El problema es que casi siempre están disfrazadas de comentario: es más fácil decir que la situación está fea que encender algo. Opinar sale gratis y siempre queda bien; ir hasta la casa del otro con algo en la mano cuesta una tarde y no se luce.

Pensá en una persona que hoy está en la parte oscura y hacé una sola cosa concreta por ella: un mensaje, una visita, una bolsa de comida, media hora de tu tiempo. No le describas la oscuridad. Ya la conoce mejor que vos. Traele luz.

Este devocional sale deLos pañales de ayer