Devocional diario
5 de septiembre
Sacá la linterna, no el comentario
El fruto del justo es árbol de vida.
Alguien estaba en el cine cuando se fue la energía eléctrica y la sala quedó a oscuras. Hubo pánico de inmediato. Uno gritó: «¡Se fue la luz!». Otro dijo: «¡Está muy oscuro!». Los dos tenían razón y ninguno de los dos aportó nada. Después hubo un tercero que sacó una linterna, y con eso alcanzó para calmar a toda la sala mientras volvía la corriente.
La escena separa a la gente en dos grupos, y no por capacidad sino por decisión. Unos se dedican a describir en voz alta lo que ya es obvio para todos. Otros llevan algo encima y lo encienden. La diferencia entre los dos no fue el diagnóstico —los tres vieron lo mismo— sino que uno trajo luz a un lugar donde faltaba. Yahshúa (Jesús) dijo de sí mismo que Él es el camino, la verdad y la vida, y esa es la luz que no se apaga.
Alrededor tuyo hay salas a oscuras: un compañero de trabajo que viene cayéndose, una hermana que está pasando algo y no lo cuenta, un vecino que perdió el empleo. Rara vez se presentan grandes oportunidades de ayudar a alguien, pero las pequeñas te rodean todos los días. El problema es que casi siempre están disfrazadas de comentario: es más fácil decir que la situación está fea que encender algo. Opinar sale gratis y siempre queda bien; ir hasta la casa del otro con algo en la mano cuesta una tarde y no se luce.
Pensá en una persona que hoy está en la parte oscura y hacé una sola cosa concreta por ella: un mensaje, una visita, una bolsa de comida, media hora de tu tiempo. No le describas la oscuridad. Ya la conoce mejor que vos. Traele luz.


