Devocional diario

7 de febrero

Nadie llega solo

El estudio abre con una clasificación de John Maxwell. Hay quien tiene ideales pero no equipo, y su sueño nunca se va a cumplir. Hay quien tiene un proyecto y un mal equipo, y el sueño se le convierte en pesadilla. Hay quien tiene un sueño y está levantando un equipo: ahí hay potencial. Y hay quien tiene visión y un gran equipo, y entonces realizar el sueño es inevitable. Después baja a la Escritura con dos ejemplos cortos: Moisés necesitó de Josué, y Noemí de Rut.

La conclusión es dura con un mito muy querido: la idea de que existen personas que se hicieron a sí mismas es una quimera. Lo admitan o no, todos los que triunfaron tuvieron a alguien que les ayudó durante el camino. De ahí sale el paso que el estudio llama fundamental: pedir ayuda a otros. Pero aclara que sólo vas a pedirla cuando reconozcas que la necesitás. El obstáculo no es la falta de gente disponible; es tu autosuficiencia.

Mirá tu semana con esa lupa. Las tareas que no delegás porque «se explica más rápido haciéndolo». La decisión que venís rumiando solo desde hace un mes. El consejo que no pedís porque preguntar se siente como admitir que no sabés. Todo eso se paga, y no se paga en una tarde: se paga en años de avanzar a la velocidad de una sola persona.

El estudio marca los pasos que siguen: identificar los puntos fuertes de la gente, comunicarles tu visión de modo que quieran ser parte, sacar lo mejor de ellos y recompensarlos. Empezá por el primero. Escribí hoy en qué es mejor que vos cada persona de tu equipo, y pedile ayuda en una sola cosa.

Este devocional sale deClaves para el empresario de fe · Parte II