Devocional diario
7 de julio
Once maravillas, diez plagas
El estudio que empieza hoy se llama «Las 11 maravillas y las 10 plagas de Egipto», y ese título ya es la primera enseñanza. Con frecuencia se habla de «las diez plagas», y el término no es tan correcto. El texto bíblico llama plaga o peste a algunas de ellas —está en Shemot (Éxodo) 9:14 y 9:15—, pero al conjunto lo nombra de otra manera: maravillas. Son once maravillas, y diez de ellas fueron además plaga.
La diferencia no es un detalle de vocabulario. Plaga describe el efecto sobre Egipto: lo que se arruinó, lo que murió, lo que se perdió. Maravilla describe qué era la cosa en sí: una señal, una obra hecha a propósito, dirigida, con un mensaje adentro. La primera de las once no fue plaga de nadie, y aun así fue señal. Contar once en vez de diez es aceptar que lo que pasó en Egipto no fue una cadena de desastres sueltos sino un argumento sostenido de principio a fin.
En los días que vienen vamos a ver a quién estaba dirigido ese argumento, maravilla por maravilla, y por qué cada animal, cada río y cada tormenta fueron elegidos. No es un repaso de castigos: es la historia de cómo YAHWEH (Jehová) desarmó, uno por uno, a los dioses de la nación más poderosa de su tiempo, y lo hizo sin que Israel levantara un arma. Y lo hizo avisando antes de cada golpe, lo cual ya dice algo del que golpea.
Por hoy quedate con el cambio de nombre. Leé el relato con esa pregunta en la mano: si esto es una señal y no sólo un castigo, ¿qué está diciendo? Anotá la pregunta en algún lado; los días que siguen la van contestando.


