Devocional diario
8 de abril
La pregunta que se hizo Iyov (Job)
Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho. Esto también sería maldad juzgada; porque habría negado al YAHWEH (Jehová) soberano.
Iyov (Job) fue un hombre sumamente próspero. Ese es dato del texto, no adorno: tenía con qué. Y aun así tuvo el cuidado de hacerse una pregunta que la gente próspera suele saltear, la de dónde estaba su corazón respecto a las riquezas. No esperó a perderlo todo para averiguarlo. Se lo preguntó mientras todavía lo tenía, que es cuando la respuesta cuesta.
Fijate cómo la formula. No pregunta si tiene mucho. Pregunta dos cosas, y las dos están en el mismo versículo: si puso en el oro su esperanza, que es el futuro, y si le dijo al oro «mi confianza eres tú», que es el presente. Pregunta también si se alegró de que su mano hallase mucho. Ahí hay una segunda cosa que revisa, y es la más fácil de pasar por alto: de quién se creyó dueño. «Mi mano hallase mucho» es el riesgo propio del que le fue bien, el de atribuirse el resultado. Y saca la conclusión él mismo, sin que nadie lo acuse: eso sería maldad juzgada, porque sería haber negado al YAHWEH (Jehová) soberano. La lógica no deja salida. Si la confianza estaba puesta en las riquezas, entonces no estaba puesta en Él. No hay lugar para las dos.
El mundo sirve al dios del dinero, y lo hace sin disimulo. A los creyentes nos toca otra cosa: servir a YAHWEH (Jehová), confiar en Él y vivir como manda, según las virtudes del Reino. Pero eso no se resuelve con una declaración en una reunión. Se resuelve el día que baja el sueldo, y también el día que sube y no se lo contás a nadie.
Hacé hoy la pregunta de Iyov (Job) con tu número real: si mañana faltara la mitad, ¿qué se te caería adentro? Ahí está puesta tu confianza.


