Devocional diario
8 de julio
Una guerra sin un arma
Cada señal que iba a azotar a la nación egipcia era un ataque directo contra sus dioses y contra sus magos poderosos. Toda una nación iba a ser humillada y derrotada por primera vez sin levantar un arma, junto con su faraón y su séquito de brujos ocultistas. Y la devastación iba a ser de tal magnitud que la base económica del país quedaría muy destruida en un período muy breve de tiempo.
Las maravillas tocan dos elementos esenciales, y los dos a propósito: la mitología egipcia, porque afectaban la credibilidad y el poder de sus dioses; y la economía nacional, que era la base de la sostenibilidad del país. Ahí está la lógica de todo el relato. YAHWEH (Jehová) no golpea al azar: golpea lo que Egipto adoraba y lo que Egipto tenía por seguro. Su poder va en aumento señal tras señal, implacable; y aun así se observa su misericordia con los egipcios, porque se les advertía antes de que cada una llegara.
Fijate que la guerra no se dio en el terreno que Egipto dominaba. Israel no tenía ejército, ni armas, ni posición para negociar. La pelea se dio en el único terreno donde la diferencia de fuerzas no contaba. Si hoy estás midiendo un problema por lo que vos tenés para enfrentarlo —plata, contactos, salud, tiempo—, estás haciendo la cuenta en la mesa equivocada. Elohim (Dios) no necesita igualar al que se le opone.
Y queda la pregunta que abre lo que viene: ¿a qué dioses estaban dirigidas? Hoy hacé la lista corta de lo que en tu casa funciona como respaldo antes que Él. Nombrala por escrito. Esa lista es el terreno donde se juega tu propia batalla.


