Devocional diario

9 de octubre

No te midas con los demás

Por el encargo que Dios me ha dado, digo a todos ustedes que ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Antes bien, cada uno piense de sí con moderación.
Romanos 12:3

La mayoría de la gente llega a tener una opinión elevada de sí misma por comparación. Nos fijamos en otro y decimos «no soy como aquel» o «soy superior a esas personas». El orgullo no funciona en el vacío: para subirnos a un pedestal hace falta bajar al resto al llano. Es un mecanismo silencioso y cómodo, porque no exige crecer nada; alcanza con elegir bien con quién compararse.

Un poema anónimo lo dice mejor que un sermón. Alguien sueña que la muerte lo visita, que se abren las puertas del cielo y que un ángel lo hace entrar. Adentro, para su asombro, están varias personas que conoció en la tierra: justo las que había juzgado incapaces o de poco valor. Le suben palabras de indignación a los labios, pero no las deja salir, porque todos esos rostros están llenos de asombro: nadie esperaba que él estuviera allí.

La salida no es pensar mal de vos. Es cambiar la vara. En lugar de medirte con los demás, medí contra tu propio potencial: lo que podés crecer, lo que podés lograr, lo que podés soñar. Esa comparación sí sirve, porque no deja a nadie humillado y a vos te deja trabajo por hacer. La otra sólo te deja tranquilo, que no es lo mismo. Y la tranquilidad que se consigue mirando para abajo se termina el día que aparece alguien mejor que vos.

Romanos 12:3 pide que cada uno piense de sí con moderación. El secreto más difícil de guardar para el hombre es la opinión que tiene de sí mismo. Hoy, cuando te descubras comparándote con alguien para quedar mejor parado, cortá la frase a la mitad y cambiala por una pregunta: ¿en qué puedo crecer yo?

Este devocional sale deLos pañales de ayer