Devocional diario
9 de febrero
Volver no es sentir pena
¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Yahshúa Ha Mashíaj (Jesucristo), hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Yahshúa (Jesús) resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
«Arrepentimiento» se dice en hebreo Teshuvá, y literalmente significa retorno. El estudio lo desarma en dos pasos: reconocer que uno se desvió del camino de YAHWEH (Jehová), y regresar a vivir como Él manda, o como decía Yojanan (Juan), dar frutos de arrepentimiento. Shaul (Pablo) explica ese proceso en su carta a los Romanos y lo vincula con la inmersión en la Mikvá: compara entrar al agua con morir a uno mismo, y salir del agua con la resurrección, la vuelta a la vida para vivir como YAHWEH (Jehová) manda.
De ahí sale la distinción más útil de la sección: el arrepentimiento genuino no es lo mismo que el remordimiento. El remordimiento se siente y se queda quieto; la Teshuvá reconoce la falta y cambia de dirección. Por eso Yojanan (Juan) les habló tan fuerte a los que venían a la inmersión sin cambiar la vida. Camada de víboras, les dijo; den frutos dignos de arrepentimiento y no presuman de tener a Avraham (Abraham) por padre, porque el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles.
El diagnóstico te sirve hoy. Hay dolor que parece arrepentimiento y no lo es: la culpa que te acompaña de lunes a domingo y no te mueve un centímetro. Sentirte mal por lo que hiciste no es fruto; es apenas la señal de que todavía tenés conciencia. La pregunta no es cuánto te pesa, sino qué cambió en tu agenda, en tu billetera y en tu manera de hablarle a tu familia desde que te pesa.
Elegí una sola cosa donde sabés que te desviaste y hacé el retorno concreto hoy: la llamada, la devolución, la conversación que estás esquivando. Un fruto vale más que una semana de remordimiento.


