Devocional diario
9 de abril
El miedo debajo de la avaricia
Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?
Fijate el orden del Sermón del Monte. Primero Yahshúa (Jesús) pregunta a quién servimos, a YAHWEH (Jehová) o a las riquezas. Y enseguida, sin cambiar de tema, habla del miedo y del afán. No son dos asuntos distintos: es el mismo. El amor al dinero y el afán de la vida están unidos porque comparten la raíz, y esa raíz es el miedo.
Así opera el espíritu de avaricia, según el estudio. Primero crea inseguridad sobre el futuro y sobre lo que pueda pasar; después ofrece su propia solución, que es alcanzar seguridad acumulando. Nunca empieza pidiéndote codicia; empieza ofreciéndote tranquilidad. Y ahí ganar dinero y guardarlo se vuelve tres cosas a la vez, dice el estudio: el objetivo, la meta y la pasión. El que acumula en lugar de disfrutar y compartir ya está sirviendo a Mamón sin haberlo decidido nunca. La pregunta del versículo desarma ese cálculo de una manera que no se puede contestar con números: ¿no es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?
Revisá si no te suena de algún lado. La cuenta que se junta «por si acaso» y no se toca jamás. El trabajo extra que se acepta por temor y no por necesidad. El no dar, explicado siempre con el mismo argumento: más adelante, cuando esté seguro. El miedo argumenta bien y con datos, y por eso convence; casi nunca se presenta con su nombre verdadero. Y el estudio marca cuál es el movimiento contrario, porque no alcanza con dejar de juntar: lo contrario de acumular es dar y compartir.
Hoy, una cosa concreta: dá algo, y que te alcance a doler un poco. Al miedo no se lo discute, se lo desobedece.


