Inteligencia empresarial
6 min de lectura Nueva Generación Proyecto Vida
Cuando hablamos de «inteligencia emocional» nos referimos a la capacidad de manejar las emociones que impulsan nuestros comportamientos y nuestras relaciones con los demás. El miedo, la ira, la tristeza, el placer y el amor son algunas de ellas.
Aplicado al campo empresarial, este concepto resulta de gran utilidad a la hora de gestionar grupos de trabajo con objetivos comunes.
Quien dirige una empresa no solo se dedica a hacer cálculos, fortalecer relaciones y dar órdenes desde un nivel superior de mando. También es imprescindible conocer el mapa humano —relaciones, motivaciones, hábitos— que predomina en la organización.
Recientes estudios en la materia señalan que los gerentes de empresas que han recibido algún tipo de formación en inteligencia emocional han incrementado la productividad de sus empresas en un 18,1%. Esto no solo confirma las ventajas del concepto, sino que además desmonta el mito según el cual la gestión de compañías solo puede llevarse a cabo a través de métodos racionales.
Un nuevo perfil de directivo
De hecho, los partidarios de la inteligencia emocional hablan de crear un nuevo perfil de directivo en el que predominen los siguientes aspectos.
Autoconocimiento
Conocer y manejar sus propias emociones en el día a día. Esto le ayudará a gestionar con mayor acierto las distintas tareas que se proponga.
En otras palabras: no es otra cosa que tener consciencia de lo que somos, nuestro valor, nuestros rasgos de personalidad, nuestras maneras peculiares de actuar y comportarnos, nuestros intereses sobre la vida, aquellas pequeñas cosas que nos hacen felices, los miedos y angustias, las felicidades y pasiones, las destrezas y habilidades, los conocimientos y las especialidades. El autoconocimiento es el camino para lograr una autoestima alta o baja. La pregunta clave es: ¿qué conocimiento tengo yo que puede serle útil a la empresa?
Autocontrol
Del mismo modo, debe saber cuáles son los límites de cada emoción y en qué casos es preciso transmitir o generar algunas de ellas.
En otras palabras: el autocontrol es la habilidad de dominar emociones, pensamientos, comportamientos y deseos de sí mismo, de cada persona como individuo. Es una habilidad para controlarse y manejar «mi cuerpo»; no muchos la poseen, y el autocontrol se consigue a medida de sí mismo.
Empatía
El directivo debe ser capaz, sobre todo, de reconocer las emociones en las personas que tiene a cargo y ponerse en su lugar. Esta es una de las reglas esenciales de la inteligencia emocional.
En otras palabras: la empatía es la capacidad de percibir, compartir y comprender los sentimientos y emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar. Es identificar y reconocer lo que otro puede sentir, preocupándose por experiencias ajenas.
Habilidades sociales
Con el tiempo, un líder que aplique la inteligencia emocional desarrollará aptitudes para la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la capacidad para gestionar momentos de crisis y la comunicación eficaz y oportuna.
Flexibilidad
El líder rígido e inflexible es una especie en vía de extinción. La idea es fomentar un perfil más propicio a la comprensión y el diálogo.
Optimismo
Los proyectos solo tienen éxito si al frente se encuentran personas que crean en la consecución de los objetivos. La inteligencia emocional también consiste en saber transmitir estas actitudes para que se incorporen a la rutina de los grupos.
Qué hacen las empresas que la aplican
En uno de los apartados de su libro Emotional Intelligence (en español, Inteligencia emocional), el psicólogo norteamericano Daniel Goleman reflejó los resultados de un estudio sobre las ventajas de aplicar la inteligencia emocional en la empresa.
Dicho estudio, realizado entre 600 compañías pertenecientes a más de 20 campos productivos, dejó como resultado un conjunto de prácticas comunes entre las empresas que en Estados Unidos y Latinoamérica han incorporado los fundamentos de la inteligencia emocional a su filosofía corporativa. Algunas de esas prácticas son:
- Equilibrio entre los aspectos humanos y financieros de la organización.
- Estimulación permanente a la mejora de los procesos.
- Comunicación clara y abierta entre los distintos departamentos de la empresa.
- Aumento de la confianza entre los departamentos y de estos hacia los directivos.
- Fortalecimiento de relaciones internas y externas.
- Colaboración, apoyo y solidaridad.
- Innovación permanente: cada tarea puede ser mejor la próxima vez.
- Aceptación de riesgos y aprendizaje común.
Declaraciones de personas exitosas en sus negocios
James Watt, cofundador de la firma escocesa Brewdog
Mi consejo es trabajar muchas horas y asegurarse de que se está disfrutando. Dirigir su propio negocio no debe sentirse como un trabajo, sino como un hobby. Ese será el soporte cuando las cosas se pongan difíciles.
También recomiendo emplear solo a gente increíble. Hace falta obtener el máximo rendimiento del personal, así que no emplees a nadie del que no estés seguro. Watt recomienda no emplear a nadie si no está seguro.
No le temas a los riesgos, para que la compañía crezca: el mayor peligro de una compañía es quedarse paralizada. Sin embargo, al mismo tiempo, hace falta ser cuidadoso con las finanzas. Eso es algo a lo que las compañías pequeñas no le prestan demasiada atención. No es lo más divertido del funcionamiento de una empresa, pero es vital para su supervivencia.
Rob Baines, cofundador de la cadena de yogur congelado Snog
Nunca gastes más de lo que estás ganando, y sé precavido a la hora de invitar a amigos a tu vida empresarial. Cuando comencé con mi primera cadena de cafeterías, pasé de vender café en una pequeña carreta en una estación de autobuses a tener tres locales.
Mi negocio despegó de la noche a la mañana. Mucha gente salió de la nada a pedir trabajo, carros, bonos, cenas en restaurantes cinco estrellas, viajes de vacaciones. Muy rápidamente pasé de tener mucho efectivo a deberles a los proveedores y al cobrador de impuestos cantidades inmanejables, lo que generó severos problemas de flujo de caja.
Afortunadamente me las arreglé para reestructurar el negocio, deshacerme de la gente que quizás no tenía los mejores intereses y continuar comerciando. Aun así, terminé siendo el malo de la película y perdí la mayor parte de las «amistades», a pesar de que nunca dejé de pagarle a nadie.
Angus Thirlwell, fundador de Hotel Chocolat
La única opinión que importa es la que los clientes tengan sobre el negocio. Siempre me parece útil mirar las cosas desde esa perspectiva.
Cuando uno tiene gente buena trabajando, cualquier cosa es posible. La mayoría de los remordimientos que tengo en los negocios son en torno al tema de mantener a la gente equivocada por demasiado tiempo.
Lo más honesto es abordar el asunto tan pronto sea identificado. Cuando se encuentra a la persona adecuada, se siente como un soplo de aire fresco.
Sophi Tranchell, directora general de Divine Chocolate
Mi consejo para cualquier persona que tenga un nuevo negocio, o esté pensando en crear uno, es utilizar todo el apoyo y asesoramiento disponible.
Divine Chocolate no hubiese podido convertirse en lo que es sin consultar especialistas y capacitar al personal para que se prepare para los retos que alberga cada año.
Sugiero planear lo que se quiere lograr el año entrante y averiguar qué apoyo externo y qué habilidades internas se necesitan para conseguirlo.
Nick Hungerford, fundador de la compañía de inversión Nutmeg
Cualquier empresa debe volver a lo básico. No te compliques demasiado; piensa más bien en lo que sus clientes necesitan realmente. ¿Qué hará que sus vidas sean más fáciles y prácticas?


