La culpa
11 min de lectura Nueva Generación Proyecto Vida
Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar agradecidos por esos sentimientos, porque son ellos los que nos llevan a buscar el perdón. En el momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en Yahshúa Ha Mashíaj (Jesucristo), su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que conduce a la salvación (Mathyahu (Mateo) 3:2; 4:17; MaAseh Shlechim (Hechos) 3:19).
¿Qué es la culpa?
La culpa es un sentimiento generado por nosotros mismos, a partir de las referencias internas que tenemos sobre lo que está bien y lo que está mal. Parte de comparar lo que hemos hecho con lo que podríamos haber hecho mejor. Según nuestra escala de valores, mayores serán las probabilidades de que nos sintamos culpables.
Para ser inteligentemente emocional, como dijimos en nuestra enseñanza de la Inteligencia Emocional, es clave saber reconocer lo que se está sintiendo, y más aún si ese sentimiento le está ocasionando culpabilidad, para gestionarlo de la manera más sana.
Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que cargamos culpa. Es una emoción que a veces cuesta identificar, pero por nuestro lenguaje corporal, por los sueños y por los reflejos en nuestra personalidad terminamos notando que ese sentimiento late dentro de nosotros.
Cinismo vs. culpa
En su transitar por la vida se encontrará con personas que no sienten el sentimiento de culpa. Van arrasando por donde pasan. Son esas que dicen «yo soy sincero y claro, y digo las cosas a la cara» (tema que no debe confundirse con la sinceridad: cuando estudiamos la inteligencia emocional aprendimos que hay que saber decir las cosas de manera constructiva y sana). El tipo de persona que le expongo es la que siempre piensa en su bienestar pero ignora el de los demás —siempre debe existir un equilibrio—, y poco a poco usted se dará cuenta de que al final terminan siendo muy egoístas.
Del otro lado de la moneda están los que parecen vivir siempre con sentimientos de culpabilidad. Hagan lo que hagan, creen que lo podrían haber hecho mejor, y además piensan que la otra persona podrá enfadarse por algo que hayan hecho o dicho en ese momento. Suelen ser muy perfeccionistas y extremadamente autoexigentes: por un lado nunca están satisfechos con lo que han hecho, porque podrían haberlo hecho mejor; por el otro, hay una vocecita que les dice que lo que hicieron o dijeron ha podido caer mal a la persona que tienen de frente.
¿Qué causa la culpa?
La culpa tiene un patrón similar al de la vergüenza. Tiene «alguien» detrás de usted, una vocecita que nos alerta de que lo que hemos hecho no está bien, de que —sea real el hecho o no— hicimos algo mal y podíamos haberlo hecho mejor. También puede ocurrir que ya hayamos hecho algo que consideramos malo y que el sentimiento emerja de nuestro interior.
Como cristianos debemos entender que, una vez que somos templo y morada del Ruaj Hakodesh, él nos hará sentir muchas veces ese tipo de sentimientos porque hemos cometido un pecado, para que eso que sentimos nos lleve al genuino arrepentimiento.
El Ruaj Hakodesh te alerta o te recrimina. Los que son más exigentes son más propensos a sentirse culpables, porque su vara de medir está en una posición muy alta: hay muchas más cosas que quedan por debajo y que hacen saltar esa alarma de «¡ey!, ¿no te das cuenta de que igual se ha sentido culpable por ese comentario o por eso que has hecho?». La gente menos perfeccionista tiene esa vara más baja, con lo cual la alarma salta en menos ocasiones.
La cuestión aquí es saber primero si somos muy exigentes con nosotros mismos, porque en ese caso será más probable que la culpa forme parte de nuestro abanico de sentimientos frecuentes. Siempre que analizamos una emoción o un sentimiento, lo primero es detectarlo y saber qué indicadores nos da el cuerpo para decirnos que nos estamos sintiendo culpables.
Ejemplo
Nervios en el estómago, dolor de cabeza, ganas de llorar, el Ruaj Hakodesh en el interior diciendo «tal cosa». Este sentimiento puede ir acompañado de diferentes emociones primarias: la tristeza y el miedo pueden ser amigos de la culpa, y también pueden ayudarnos a detectar este estado.
Nota: recuerde que muchas veces el enemigo va a tomar ventaja de esa culpa. Por eso siempre tiene que pedir dirección al Ruaj Hakodesh y pedirle que le traiga a memoria, o que le ayude a darse cuenta usted misma, del porqué lo está sintiendo. Porque una vez que usted se dé cuenta, la culpa ya está a solo un paso de desaparecer.
El perdón ya está disponible
En Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios 6:9-11 la lista de hechos perversos que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, YAHWEH (Jehová) aún promete el perdón.
1 Yojanan (1 Juan) 2:1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
La liberación del pecado, sin embargo, no siempre significa liberación de los sentimientos de culpa. Aun cuando nuestros pecados son perdonados, todavía los recordaremos. También tenemos un enemigo espiritual llamado «el acusador de nuestros hermanos» en Apocalipsis 12:10, quien nos recuerda incesantemente nuestras fallas, faltas y pecados. Cuando un cristiano experimenta sentimientos de culpa, debe hacer lo siguiente:
- Confesar todos los pecados conocidos y que no se hayan confesado. En algunos casos los sentimientos de culpa son apropiados, porque la confesión es necesaria. Muchas veces nos sentimos culpables ¡porque somos culpables! (Ver la descripción que hace David de la culpa y su solución en el Tehillim (Salmo) 32:3-5).
- Pedirle a nuestro Elohim (Dios) que le revele cualquier otro pecado que necesite ser confesado. Ten el valor de ser totalmente abierto y honesto ante Elohim (Dios): «Examíname, oh YAHWEH (Jehová), y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad» (Tehillim (Salmo) 139:23-24).
- Confía en la promesa de YAHWEH (Jehová) de que Él perdonará los pecados y quitará la culpa, basándose en la sangre de Cristo (1 Yojanan (1 Juan) 1:9; Tehillim (Salmo) 85:2; 86:5; Romanos 8:1).
- En ocasiones, cuando surgen los sentimientos de culpa sobre pecados ya confesados y abandonados, rechaza tales sentimientos como una culpa falsa. YAHWEH (Jehová) ha sido fiel a Su promesa de perdonar. Lee y medita en el Tehillim (Salmo) 103:8-12.
- Pide a YAHWEH (Jehová) que reprenda a Satanás, tu acusador, y ruégale que te restaure al gozo que procede de la libertad de la culpa (Tehillim (Salmo) 51:12).
Tipos de culpa
Sana
Una culpa saludable, originada por algo que podríamos decir que es relativamente objetivo y que podemos aprovechar para enmendar algo que vayamos a hacer o que ya hayamos hecho. Este tipo de culpa es muy útil, y deberíamos agradecerle a nuestro Ruaj Hakodesh que nos avise de estas cosas. Para gestionar este sentimiento podemos corregir aquello que íbamos a hacer y hacerlo de otra forma que nos parezca mejor. Y si ya lo hicimos, esta culpa saludable puede ayudarnos a pedir perdón y a corregir algo que puede haber sentado mal a alguien. Lo cual sirve para seguir teniendo nuestras relaciones sanas y trabajadas.
No sana, negativa, mórbida
Luego está el sentimiento de culpa no saludable, el que parece encallado: uno que quizás llevamos arrastrando durante años y del que parece que nunca nos podemos quitar. Ejemplos de esto son algo que tuviéramos con alguna persona —que suele ser cercana o importante para nosotros— y que no hayamos podido solucionar hasta ahora: peleas con hermanos, dejarnos de hablar con cuñados, no haberle dicho a la persona querida lo que sentías antes de que falleciera, etcétera.
Impuesta
Muchas veces la culpa impuesta puede ser algo ambigua, porque puede darse el caso de que la persona se autoculpe, y entraríamos entonces a la culpa mórbida. Pero está el otro caso: aquel en que a la persona le imponen la culpa. Un ejemplo es cuando alguien acusa a otro, pero el acusado no hizo nada para merecer esa culpa. Algo más realista es lo que vivió Cristo: no era su obligación morir por nosotros, pero se autoculpó para darnos a todos salvación, porque el amor de YAHWEH (Jehová) fue tan grande e infinito que dio a su amado hijo para restaurar el pacto que el hombre por desobediencia derribó.
El Abba Kadosh (Padre) me ha presentado a muchas personas que se han sentido culpables, pero al confesarme por qué se sentían así pude notar que era algo que ellas mismas se habían impuesto. Y entramos entonces a la culpa caracterial, definida como la culpa que siente la persona por su forma de ser, por los rasgos de su carácter. Está íntimamente relacionada con la autoestima, ya que es la propia persona la que se considera causa de la culpa.
También podemos hablar de la culpa conductual, esa que nos dice «debiste tener más cuidado, porque tú lo provocaste». Si a una persona le roban su teléfono celular de camino a la casa, automáticamente se culpa: «quizá no debí venir tan tarde, quizá debí venir acompañado», cuando realmente lo que está mal allí es el antisocial que no tiene ningún tipo de temor y temblor a YAHWEH (Jehová).
Nota: si usted tiene un sentimiento de culpa, déjeme decirle que si no lo trata a tiempo le va a corromper la idea que tiene sobre usted mismo y destruirá su autoestima. Así que si no encuentra la forma de solucionarlo, por favor le invito a buscar a su pastor, a su mentor o a la persona que le invitó a leer esta enseñanza, y que sea mediante nuestro Elohim (Dios), revelándole a esa persona lo que usted debe hacer.
El Tehillim (Salmo) 32 es un estudio muy provechoso. Aunque David había pecado terriblemente, él encontró la libertad tanto del pecado como de los sentimientos de culpa. Lidió con la causa de la culpa y con la realidad del perdón. El Tehillim (Salmo) 51 es otro buen pasaje para investigar. El énfasis aquí es la confesión del pecado, cuando David ruega a YAHWEH (Jehová) con un corazón lleno de culpa y dolor. Los resultados son la restauración y el gozo.
Técnicas para gestionar la culpa
Lo primero de todo es detectarla: identificar que ese sentimiento o ese malestar que no sabemos bien qué es, es un sentimiento de culpa que no hemos solucionado.
En segundo lugar, tenemos que aceptarlo. Sí: no basta con saber que es culpa, hay que aceptar que eso forma parte de nosotros. Es fundamental que seamos capaces de aceptar que ese sentimiento es nuestro y no mentirnos a nosotros mismos, porque mientras no lo aceptemos no podremos trabajarlo ni solucionarlo.
En tercer lugar, tenemos que decidir qué queremos hacer y de qué forma. Lo que suele querer hacer la gente es hablar con esa persona e intentar solucionarlo, pero quizás necesitemos algo antes de dar ese paso: valentía, trabajar el miedo al rechazo, al conflicto. En este sentido, el pastor o el mentor puede ayudarte a conseguir eso que necesitas y que en un primer momento no sabes cómo conseguir.
Aunque parezca difícil o duro, es algo alcanzable. ¿Pero qué ocurre si la persona con la que tenemos el conflicto interno ha fallecido? De la misma forma tendremos que buscar en nosotros mismos qué necesitamos para arreglar ese estado: quizás hablar con la pareja de esa persona, quizás realizar otra acción para enmendarlo, o dejarse guiar por su pastor para que le ayude en estos casos.
En cualquier ámbito, en estas situaciones hay algo fundamental que tendremos que trabajar: el perdón con nosotros mismos. Recordemos que el sentimiento de culpa es algo generado por nosotros; aunque no esté la persona con la que tuvimos aquello que lo generó, podemos liberarnos. Y la mejor forma de hacerlo es perdonarnos a nosotros mismos, intentar ver la situación desde fuera, como si fuéramos un espectador viendo la película, y pensar como si ese que vemos en la pantalla fuera un amigo nuestro y observar cómo reacciona ante lo que pasa. Seguramente si fuera un amigo al que viéramos, comprenderíamos mejor por qué reaccionó como lo hizo.
Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento genuino y ha sido perdonado, entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros, los que hemos venido a Cristo, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él.
2 Corintios 5:17 De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Parte de las cosas «viejas» que «pasaron» es el recuerdo de pecados pasados y la culpa que produjeron. Tristemente, algunos cristianos son propensos a sumergirse en los recuerdos de sus pecaminosas vidas pasadas, memorias que debían estar muertas y enterradas desde hace mucho. Esto no tiene sentido y es contrario a la vida cristiana victoriosa que YAHWEH (Jehová) quiere para nosotros. Un dicho sabio dice: «Si YAHWEH (Jehová) te ha salvado de una cloaca, no regreses a sumergirte y nadar en ella».
Entre otras cosas, la culpa también puede verse en los sueños. Por eso le invito a estudiar nuestra enseñanza La Interpretación de los Sueños.


