Devocional diario
17 de enero
Tus empleados te están leyendo
La clave se apoya en un texto conocido: la Biblia dice que tenemos que tratar a todas las personas como superiores a nosotros mismos, según Filipenses 2. Y de ahí saca una consecuencia para el que manda. Como jefe o dueño de negocio, tenés que tratar siempre a tus empleados con dignidad. No como un favor, ni como una política de empresa amable, sino como resultado directo de lo que creés.
Es un mandato más pesado de lo que parece, porque la relación de trabajo es desigual por diseño. Vos fijás el horario, el sueldo y la permanencia; la otra persona necesita ese sueldo para comer. En esa asimetría el respeto se vuelve opcional sin que nadie lo note: el tono cortante, la promesa que se corre de fecha, el reclamo delante de los demás, la paciencia que te sobra para el cliente y te falta para el que trabaja al lado. Nada de eso es ilegal y casi nada se reclama; simplemente se acumula, y a los años tenés un equipo que cumple y no te quiere.
Y hay algo más, que el material dice sin adornos: delante de tus trabajadores sos testimonio de Adonay (Señor), sean creyentes o no. Los que te ven de cerca no juzgan tu fe por lo que decís en una mesa, sino por cómo tratás a quien no puede contestarte. Esa es la predicación que escuchan todos los días, y es la única que no pueden esquivar ni discutir, porque la ven pasar delante de ellos.
Pensá en la persona de tu equipo con la que has sido más seco y arreglá eso hoy. Una conversación cara a cara, sin público, donde le reconozcas lo que hace bien.


