Devocional diario

2 de junio

La culpa que abre una puerta

Empieza un estudio sobre la culpa, y conviene decir desde el principio hacia dónde va, porque el tema se presta a dos errores opuestos. El material arranca con una afirmación que a muchos les suena rara: podemos estar agradecidos por los sentimientos de culpa. Agradecidos, sí, porque son los que nos llevan a buscar el perdón. La culpa no es el destino; es lo que empuja hacia una puerta.

El orden importa. En el momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en el Mashíaj, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento no es un mérito que se suma después: es parte de la fe que conduce a la salvación. Por eso el primer mensaje de Yahshúa (Jesús) y el primer mensaje de los apóstoles empiezan igual. Mathyahu (Mateo) lo registra dos veces, cuando presenta a Yojanan (Juan) y cuando arranca el ministerio en Galilea, y en MaAseh Shlechim (Hechos) los apóstoles repiten el mismo llamado: arrepentirse y volverse a Elohim (Dios).

En estos días vamos a mirar qué es la culpa, qué la produce, de qué tipos hay y cómo se gestiona. No es un tema teórico ni de consultorio. Mucha gente vive con una deuda vieja que no sabe nombrar y la arrastra años sin decírselo a nadie; otra vive arrasando por donde pasa sin sentir absolutamente nada. Las dos posiciones tienen problema, y el estudio se ocupa de las dos.

Hoy, antes de entrar en el detalle, dejá planteada una sola pregunta y no la contestes rápido: ¿hay algo que estás cargando y que nunca llevaste hasta el final, hasta la confesión y el perdón? Guardala. Los próximos días la vamos a trabajar.

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