Devocional diario
20 de noviembre
Tres cosas que Él pide
Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Elohim (Dios) más que holocaustos.
Cuando le cuestionaron con quién comía, Yahshúa (Jesús) citó al profeta Hoshea (Oseas): misericordia quiero, y no sacrificio. No era una frase suya para salir del paso; era un reproche que el pueblo había escuchado siglos antes. En el tiempo de Yahshúa (Jesús) la gente cumplía con los rituales religiosos pero tenía el corazón alejado de YAHWEH (Jehová): muchos iban al Templo a ofrecer sacrificios y después cada uno vivía en su casa como quería.
Si los sacrificios no eran lo primero, ¿qué es lo que Él espera? Mijah (Miqueas) lo pregunta en voz alta —¿me presentaré con holocaustos, con millares de carneros, con diez mil arroyos de aceite?— y lo contesta en tres cosas: hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante su Elohim (Dios). Hacer justicia es obedecer el orden de Elohim (Dios) y guardar sus mandamientos. Amar misericordia es tener compasión de aquel que falla, sabiendo que todos fallamos y que todos podemos ser restaurados. Humillarse es reconocer que YAHWEH (Jehová) es el Soberano de tu vida y estar dispuesto a hacer su voluntad.
Las tres incomodan por separado, pero la del medio es la que más nos cuesta. Justicia sin misericordia produce gente correcta y cruel, que tiene razón y no tiene compasión. Y fijate que el texto no dice «practicar» misericordia: dice amarla. No alcanza con perdonar apretando los dientes; se trata de alegrarse cuando el que falló es levantado. Eso separa al justo del fariseo: los dos cumplen, pero uno se alegra cuando al otro le va bien.
Elegí hoy a una persona que falló y a la que tenés bien juzgada. Hacé un gesto concreto a su favor, sin pedirle explicaciones primero. Las explicaciones podés pedirlas después, o nunca.


