Devocional diario

20 de abril

Hacete la evaluación en casa

Pero la persona que mira atentamente la Toráh perfecta, la que da libertad, y continúa volviéndose, no en un oidor olvidadizo, sino en un hacedor de las obras requeridas por ella, entonces será bendito en lo que hace.
Yaakov (Santiago) 1:25

El estudio propone un ejercicio para hacer en casa, y es sencillo. Tomá lápiz y papel, ponele a cada nivel de la pirámide el cien por ciento y pedile al Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) que te ayude a evocar situaciones concretas. Un ejemplo: ¿descanso con normalidad? Si la respuesta es «quizá unos días sí» y te acordás de noches sin conciliar el sueño o con dificultad para respirar, el porcentaje de las necesidades fisiológicas baja solo.

La condición es una sola, la honestidad, porque si no se cae en el autoengaño. ¿Y para qué sirve darse cuenta? Para aplicar la inteligencia emocional a llenar esa necesidad que se identificó. El material pone dos ejemplos que se reconocen en cualquier lado. La adolescente que creció sin su padre y dice «nunca necesité a mi papá». Y el que no espera que su trabajo hable por él, sino que busca reconocimiento y, si hace falta, deja mal a los demás para conseguirlo.

Ahí entra el versículo de hoy. Yaakov (Santiago) compara al que oye la Palabra y no la hace con alguien que se mira la cara en el espejo, se retira y en seguida se le olvida cómo luce. Una autoevaluación que no cambia nada es exactamente eso. Y agrega dos pruebas más. Una incómoda: el que se cree observante y no controla su lengua se engaña, y su observancia no cuenta para nada. Y otra bien concreta, que es la definición que da del asunto: la observancia que el Padre considera pura y sin falta es dar cuidado a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y mantenerse sin contaminaciones del mundo.

Hacé el ejercicio hoy, con papel y no de memoria. Y anotá al final una sola acción para el nivel que te quedó más bajo.

Este devocional sale deInteligencia emocional