Devocional diario
3 de febrero
La calidad también es testimonio
Sea que ofrezcas un servicio o vendas un producto, dice el estudio, tenés que demostrar excelencia en todo lo que hacés. Y agrega dos razones que no suelen ir juntas. La primera es práctica: la calidad de tu trabajo va a ser determinante para el éxito de tu negocio. La segunda es de fondo: sos una extensión de YAHWEH (Jehová), y lo que vendés o el servicio que prestás tienen que ser testimonio de eso.
Poné atención al orden, porque cambia el sentido de la palabra excelencia. No se trata de perfeccionismo ni de competir con nadie. Se trata de que lo que sale de tus manos habla de Quien te dio las manos. Un trabajo hecho a medias no es sólo una pérdida comercial; es una declaración equivocada sobre el Elohim (Dios) que decís representar. El producto es el primer testimonio que llega a la casa de tu cliente, y llega antes que cualquier conversación.
Traducilo a tu semana. La entrega que despachaste sabiendo que tenía una falla chica. El presupuesto hecho a la carrera porque el cliente no iba a notar la diferencia. El servicio que empezó impecable y se fue relajando cuando ya estaban acostumbrados a vos. La respuesta que tardó tres días porque el cliente ya te tiene confianza y sabés que no se va a ir. Ninguno de esos lugares se pierde de golpe: se va cediendo de a poco, hasta que un día lo flojo es lo normal. Ninguna de esas cosas se arregla con una oración; se arreglan volviendo a hacer el trabajo bien.
Elegí hoy una sola cosa que estás entregando por debajo de lo que sabés hacer, y subila. No toda la operación: una. La excelencia se recupera en el mismo lugar donde se perdió.


