Devocional diario

4 de abril

Las emociones no manejan la casa

Las emociones fluyen distinto cada día: alegría, tristeza, paz, enojo, miedo, tranquilidad, armonía, inestabilidad. El estudio distingue dos caminos a partir de ahí. Para quien aprende a entenderlas, aceptarlas y manejarlas, esas mismas emociones le favorecen la capacidad de pensar y planificar, de sostener el entrenamiento que exige una meta, de resolver problemas y conflictos, de relacionarse y de aguantar las irritaciones diarias y los imprevistos.

Para quien las tiene como algo incontrolable pasa lo contrario, y el material lo describe sin suavizarlo: termina solo, frustrado, enojado con el sistema, disgustado con sus superiores, incapaz de triunfar, y eso mismo lo va distanciando de su entorno. La pregunta que hace es directa. ¿Quién querría estar al lado de alguien que se enoja todo el tiempo, o de un líder que no domina lo que siente y hiere con sus palabras y actitudes?

Fijate que el retrato de la persona emocionalmente inteligente no es el de alguien sin emociones. Tiene conciencia de sus virtudes y de sus áreas débiles, trabaja las débiles para fortalecerlas y perfecciona las fuertes. Sabe cuáles emociones la vuelven productiva y cuáles hacen daño, en la empresa y en la familia. Se domina y se relaciona con empatía, cordialidad y respeto. El material agrega dos datos que conviene retener. Quien la tiene por encima de sus pares destaca y se vuelve líder sin ocupar ningún cargo en la gerencia, algo que los expertos en coaching empresarial llaman «liderazgo horizontal». Y según Bill Hybels, tenerla desarrollada da un ochenta y cinco por ciento más de probabilidades de consolidar ese liderazgo.

Hacé hoy una cosa sola. Escribí la emoción que más te cuesta manejar y la situación exacta que la dispara. Lo que no se nombra no se trabaja.

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