Devocional diario

4 de junio

La vocecita que no es tu enemiga

La culpa, dice el estudio, tiene un patrón parecido al de la vergüenza: hay «alguien» detrás de vos, una vocecita que te avisa que lo que hiciste no está bien, sea real el hecho o no. Y agrega un dato que cambia la lectura para un creyente: una vez que somos templo y morada del Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo), Él nos va a hacer sentir ese tipo de cosas cuando pecamos, para que eso nos lleve a un arrepentimiento genuino. Te alerta o te recrimina.

Entonces no toda voz que te incomoda es tu enemiga. Hay una que aprieta porque quiere llevarte a la reconciliación. Pero el estudio también advierte que la vara importa: el que es muy exigente la tiene alta, y la alarma le suena por cosas que no lo merecen, mientras el menos perfeccionista la tiene más baja y le suena menos. Por eso conviene saber primero si sos muy exigente con vos mismo, porque en ese caso la culpa va a ser parte frecuente de tu abanico de sentimientos. Y avisa otra cosa: muchas veces el enemigo toma ventaja de esa culpa para hundirte, no para corregirte.

El trabajo empieza, entonces, por distinguir. El material sugiere mirar los indicadores del cuerpo: nervios en el estómago, dolor de cabeza, ganas de llorar. La tristeza y el miedo suelen andar de la mano de la culpa y también sirven para detectarla. En tu casa, en tu trabajo, en una conversación que quedó a medias, ese malestar físico suele llegar antes que la palabra.

Hoy pedile dirección al Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo), y pedile algo concreto: que te traiga a memoria por qué lo estás sintiendo. Porque una vez que te das cuenta, dice el estudio, la culpa está a un paso de desaparecer.

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