Devocional diario
5 de diciembre
Un regalo llamado Mathyahu (Mateo)
Aparte de su llamado, no se sabe mucho acerca de la vida de Mathyahu (Mateo). La Escritura lo menciona apenas como uno de los doce discípulos cercanos a Yahshúa (Jesús): aparece en la lista de Mathyahu (Mateo) 10, en Yojanan Mordejai (Marcos) 3, en Lucas 6 y en MaAseh Shlechim (Hechos) 1. Ni un discurso propio, ni una anécdota extensa, ni un dato sobre su muerte.
Y sin embargo su nombre dice algo. En hebreo Mathyahu significa «regalo de YAHWEH (Jehová)», y ciertamente fue un regalo para todo creyente: nos dejó el testimonio de todo lo que vio en el tiempo en que siguió a Yahshúa (Jesús), desde una perspectiva única. Lo que sabemos de él no es su biografía, es su trabajo. Del hombre queda el nombre; del trabajo, un Evangelio entero. Y no es que le faltara material: estuvo ahí, vio todo, podía haberse puesto en escena en cualquier página, y eligió no hacerlo.
Eso corrige una idea bastante instalada, la de que servir bien es dejar un nombre grande. El que escribió el primer Evangelio del Nuevo Pacto no se ocupó de contar su propia historia. Se ocupó de que la historia de su Maestro llegara completa, ordenada y en el idioma de sus lectores. El resultado lo leen dos mil años después personas que no saben nada de él, y no les hace falta.
Pensá en lo que estás construyendo y en cuánta energía se te va en que se vea tu nombre encima. Hay trabajos que rinden más cuando el autor se corre del medio: criar, enseñar, acompañar, sostener una congregación. Hoy hacé una de esas cosas sin contársela a nadie. Nadie te lo va a agradecer esta semana, y está bien.


