Devocional diario
5 de abril
El modelo que nadie mira
El estudio pone a Yahshúa Ha Mashíaj (Jesucristo) como el mejor modelo de inteligencia emocional, y la razón que da no es piadosa, es biográfica. Quien lea los Evangelios con atención se encuentra con un hombre cuya existencia estuvo marcada por el desafío, las pérdidas, las frustraciones y sufrimientos de todo orden. Frente a la tensión, la contrariedad y el dolor tuvo actitudes singulares, y produjo pensamientos y emociones que salían de los patrones comunes.
El contexto ayuda a medirlo. Nació en un país cuya identidad y sobrevivencia estaban amenazadas por el autoritarismo y la vanidad del Imperio Romano. El ambiente era angustiante y sobrevivir era difícil. Por eso los judíos esperaban un gran líder como el rey David, capaz de reinar sobre ellos, rescatarles la identidad y liberarlos del yugo romano. Yahshúa (Jesús), en vez de hacer la revolución exterior que le reclamaban, hizo una revolución en el interior de los hombres.
Ahí está la diferencia que el material subraya, y es la que se puede imitar: usó cada angustia, cada pérdida y cada contrariedad como una oportunidad para enriquecer su comprensión humana. No esperó que las circunstancias mejoraran para crecer; creció con ellas. Y dice algo más fuerte todavía: poseía una inteligencia tan instigante que provocaba la inteligencia de todos los que pasaban por Él. No dejaba a nadie como lo había encontrado. Perturbó conceptos y paradigmas existenciales, e invita a interiorizar y a repensar la historia. Para Goleman, el éxito de una persona depende del desarrollo y de la educación de su inteligencia emocional; Yahshúa (Jesús) no sólo cuidó su pensamiento, fue altamente inteligente en el campo emocional.
Tomá la contrariedad más fresca que tengas, la de esta semana, y en lugar de pedir que se vaya, preguntá qué te está enseñando. Ese es el ejercicio, y es el de Él.


