8 min de lectura Parte 1 de 2Nueva Generación Proyecto Vida
Yahshúa (Jesús) enseña con parábolas (Mathyahu (Mateo) 13:1-43)
A partir del momento en que se afirmó el rechazo de los religiosos hacia Yahshúa (Jesús), el Señor comenzó a usar más la enseñanza por parábolas.
Una parábola es una narración alegórica que busca transmitir una verdad usando imágenes familiares a la audiencia. En hebreo es Mashal, que también se traduce como proverbio (plural en hebreo: Mishlei). Las parábolas son historias que tienen una enseñanza, y esta forma de enseñar era muy común en el tiempo de Yahshúa (Jesús).
A partir de este momento, Yahshúa (Jesús) comenzó a usarlas más, como se hará evidente en este capítulo. Los discípulos lo notaron.
Mathyahu (Mateo) 13:10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
Yahshúa (Jesús) les explicó la razón:
Mathyahu (Mateo) 13:11-13 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
Hizo referencia a una profecía de Yeshayah (Isaías) (Yeshayah (Isaías) 6:9-10) que habla de la sordera y la ceguera espiritual que vienen como consecuencia de un corazón duro.
Mathyahu (Mateo) 13:14-15 De manera que se cumple en ellos la profecía de Yeshayah (Isaías), que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
Uno de los propósitos principales de las parábolas es explicar verdades abstractas con ejemplos concretos, así que las de Yahshúa (Jesús) deberían ayudar al oyente. Pero Él explica que la falta de entendimiento no viene por dificultad intelectual, sino por dureza del corazón. Esa ceguera y sordera espiritual proviene de un corazón duro, que no es moldeable sino rebelde (Yejezkel (Ezequiel) 2:3-7). El profeta lo llama «un corazón engrosado», es decir, lleno de carnalidad: no se somete a YAHWEH (Jehová) para hacer la voluntad divina, sino que se empecina en seguir sus propios deseos y pensamientos.
Frente a los de corazón duro están los humildes de corazón, cuyos ojos son abiertos por estar dispuestos a oír y a hacer: «El que tiene oídos para oír, oiga» (Mathyahu (Mateo) 13:9). Recordemos que en hebreo la palabra para oír es Shema, que implica oír y hacer. Los de corazón suave escuchan las palabras de YAHWEH (Jehová) y las hacen; es decir, tienen oídos para oír.
Yahshúa (Jesús) bendijo a sus discípulos porque ellos eran de aquellos que oyen y hacen:
Mathyahu (Mateo) 13:16-17 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
En el Evangelio de Mathyahu (Mateo) queda claro que Yahshúa (Jesús) usa sus parábolas para explicar a sus seguidores la forma en que opera el Reino de YAHWEH (Jehová).
Vayamos ahora a las parábolas que dijo en esa ocasión. Ese día Yahshúa (Jesús) se dirigió a las orillas del lago de Galilea, y para que la multitud que le seguía pudiera oírlo, se subió a una barca en la orilla y la usó como tarima.
Mathyahu (Mateo) 13:1-2 Aquel día salió Yahshúa (Jesús) de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
Parábola del sembrador
La primera parábola que compartió con la audiencia fue la historia del sembrador.
Mathyahu (Mateo) 13:3-8 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.
Los discípulos no entendieron a qué se refería, y le preguntaron en privado por su significado. El Señor les explicó:
Mathyahu (Mateo) 13:18-23 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Nótese que la semilla es la misma en todos los casos, y representa la Palabra de YAHWEH (Jehová). Lo que cambia es el lugar donde cae, y eso hace la diferencia.
Hagamos un resumen de los distintos lugares y de lo que representan:
- En el camino: la persona que no entiende la Palabra de YAHWEH (Jehová).
- Entre las piedras: la persona que recibe con gozo la Palabra, pero no echa raíz, y al poco tiempo se le olvida ante la aflicción o la persecución.
- Entre los espinos: la persona que oye, pero no la lleva a la práctica, pues se distrae con los afanes de la vida o el amor al dinero.
- En buena tierra: la persona que oye la Palabra y la pone por obra. Esta da mucho fruto.
La lección de esta parábola la podemos conectar con lo que escribió Santiago:
Yaakov (Santiago) 2:26 Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.
Una persona demuestra que asimiló la Palabra cuando no solo la oye, sino que también la aplica en su vida.
Parábola del trigo y la cizaña
Yahshúa (Jesús) contó otra parábola ese día, usando de nuevo la imagen de la semilla, pero dándole otro giro.
Mathyahu (Mateo) 13:24-30 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
Trigo y cizaña
En un sentido natural, el trigo y la cizaña son físicamente muy parecidos. La diferencia se deja ver hasta el momento de la cosecha, porque el trigo saca fruto y la cizaña no.
Más tarde, los discípulos volvieron a preguntarle el significado de esta parábola, y Yahshúa (Jesús) explicó, dando una revelación de los últimos tiempos:
Mathyahu (Mateo) 13:36-43 Entonces, despedida la gente, entró Yahshúa (Jesús) en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.
En este último versículo, Yahshúa (Jesús) hace referencia a unos versículos de Daniel que hablan del juicio final:
Daniel 12:2-3 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el desprecio eterno. Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás.
Así como el trigo y la cizaña, lo que diferencia a los hijos de YAHWEH (Jehová) es que ellos dan fruto de vida, mientras que los otros no. Como dijo Yahshúa (Jesús) en el Sermón del Monte: «Por sus frutos los conoceréis» (Mathyahu (Mateo) 7:20).


