8 min de lectura Nueva Generación Proyecto Vida
Mathyahu (Mateo) 18:11-35 cierra el capítulo con dos parábolas y una enseñanza sobre el perdón. En la entrada pasada leímos sobre el peligro de ser piedra de tropiezo. El deseo del Señor es justo el contrario: que nadie se pierda, sino que todos sean salvos.
Mathyahu (Mateo) 18:11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
Para ilustrarlo, contó una parábola.
Parábola de la oveja perdida
Mathyahu (Mateo) 18:12-14 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
El corazón de YAHWEH (Jehová) está deseoso de la salvación de todos, aun de las ovejas que se le han perdido, porque Él es «lento para la ira y grande en misericordia» (Shemot (Éxodo) 34:6-7; Tehillim (Salmo) 103:8-13). Esto no significa que YAHWEH (Jehová) no vaya a hacer justicia. Significa que primero extiende su misericordia y da otra oportunidad a los que se descarriaron; pero al final espera que todas sus ovejas regresen al redil (Yoel (Joel) 2:13; Mijah (Miqueas) 7:18).
Después de ilustrar cómo YAHWEH (Jehová) perdona a las ovejas perdidas, Yahshúa (Jesús) voltea el argumento. El resto de su mensaje enseña cómo sus discípulos deben perdonar a quienes los han ofendido o les han hecho daño.
Solución de conflictos
En los siguientes versículos, Yahshúa (Jesús) enseña los pasos que se deben seguir para resolver los conflictos entre hermanos en el Reino de YAHWEH (Jehová).
Confrontar de forma directa e individual
Mathyahu (Mateo) 18:15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
Mucha gente se queda callada ante una ofensa o, peor aún, se queja con otros de lo que le hicieron. El Señor nos llama a dar la cara y hablar directamente con el ofensor. Como dice el refrán popular: «hablando se entiende la gente». Si los dos no llegan a un entendimiento, hay que llevar el asunto a la segunda instancia.
Presentar el caso ante uno o dos testigos
Mathyahu (Mateo) 18:16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.
Estos testigos funcionan como intermediarios: ayudan a las dos personas a entenderse y a encontrar una solución. Deben ser imparciales y conocer la Palabra de YAHWEH (Jehová), para servir como buenos consejeros. No dan su opinión personal, sino consejo basado en los principios bíblicos y en la sabiduría divina. La intervención no busca favorecer a uno sobre otro, sino encontrar lo justo según el orden de YAHWEH (Jehová).
El principio de tener testigos para dirimir un conflicto viene de la Toráh, es decir, del Pentateuco:
Devarim (Deuteronomio) 19:15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.
Por lo demás, la Biblia dice que «en la multitud de consejeros hay sabiduría» (Mishlei (Proverbios) 11:14; Mishlei (Proverbios) 15:22).
Hasta aquí, las partes han intentado resolver el conflicto en privado. Pero si quien cometió la falta no asume su responsabilidad ni está dispuesto a cambiar, el caso pasa a la última instancia.
Llevar el caso ante la congregación
Mathyahu (Mateo) 18:17 Si no los oyere a ellos, dilo a la comunidad de fe; y si no oyere a la comunidad de fe, tenle por gentil y publicano.
Al hacerse público el caso, el ofensor tiene una última oportunidad de arrepentirse. Tal vez lo mueva la exposición pública. Pero si ni siquiera responde a eso, debe ser sacado de la comunidad. Suena drástico, y es un paso necesario para guardar la integridad de la comunidad espiritual. De lo contrario, ese pecado se vuelve un cáncer que contamina a la congregación y afecta a todos. Pablo llama «levadura» a ese efecto contaminante (1 Corintios 5:1-13).
Atar y desatar
Dentro de este mismo tema del perdón y la solución de conflictos, Yahshúa (Jesús) dice lo siguiente:
Mathyahu (Mateo) 18:18-20 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Muchos toman estos versículos fuera de contexto. Pero el tema anterior y el posterior son el mismo: el perdón y la solución de conflictos entre hermanos. Visto en el contexto hebreo, Yahshúa (Jesús) parece estar haciendo referencia a las decisiones de un Beit Din (lit. casa de juicio), los dos o tres jueces que intervienen en un conflicto en el pueblo de Israel. Si esos jueces se reúnen en nombre de YAHWEH (Jehová) buscando el consejo divino, Yahshúa (Jesús) promete estar en medio de ellos, revelando cuál es su voluntad y ayudando a dirimir las diferencias. El Señor está muy interesado en la unidad de sus hijos (Yojanan (Juan) 17:20-23).
Cuántas veces perdonar
Siguiendo la conversación, Kefa (Pedro) le hace una pregunta a Yahshúa (Jesús):
Mathyahu (Mateo) 18:21 Entonces se le acercó Kefa (Pedro) y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
Muchos nos hacemos la misma pregunta: si alguien comete la misma falta una y otra vez, ¿hay que seguir perdonándole? El cálculo de Kefa (Pedro) hasta parece generoso. En la tradición judía, los rabinos tenían por muy generoso al que perdonaba tres veces una misma falta (Tratado Yoma 86b). Pero Yahshúa (Jesús) fue mucho más lejos:
Mathyahu (Mateo) 18:22 Yahshúa (Jesús) le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Setenta veces siete equivale a 490. Probablemente no es un número literal sino simbólico: ¿quién podría llevar la cuenta de 490 perdones a una persona por la misma falta? En términos humanos el número parece altísimo. Pero si volteamos el argumento y lo aplicamos a las veces que YAHWEH (Jehová) nos ha perdonado a nosotros, se vuelve muy realista. ¿Cuántas veces hemos ofendido a YAHWEH (Jehová) y luego, en arrepentimiento, hemos recibido su perdón? Seguramente no llevamos la cuenta, y probablemente YAHWEH (Jehová) tampoco, porque Él perdona y se olvida.
Mijah (Miqueas) 7:18-19 ¿Qué Elohim (Dios) como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Así como YAHWEH (Jehová) nos ha perdonado, el Señor quiere que perdonemos a nuestros hermanos. Para ilustrarlo, Yahshúa (Jesús) cuenta otra parábola.
Parábola del rey que perdona
Mathyahu (Mateo) 18:23-26 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
Conviene medir el tamaño de esa deuda. Un talento son 75 libras de plata, o 6.000 denarios. Un denario era la paga de un día de labor en el campo. Para ganar un talento, un hombre debía trabajar unos veinte años. Con una deuda de diez mil talentos, el siervo de la parábola no podría pagarle al rey aunque trabajaran él y toda su familia el resto de sus vidas.
Por eso el deudor le suplicó paciencia, y el rey respondió con magnanimidad:
Mathyahu (Mateo) 18:27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
Este hombre recibió una gran misericordia, pero no supo darla a otros.
Mathyahu (Mateo) 18:28-29 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
Cien denarios equivalían a cien días de trabajo: una deuda mucho más pagable que la suya. Aun así, no extendió la misma misericordia.
Mathyahu (Mateo) 18:30-31 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.
Al enterarse, el rey mandó a llamar al siervo ingrato.
Mathyahu (Mateo) 18:32-34 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
Por si alguien no captaba la moraleja, Yahshúa (Jesús) la explicó sin rodeos:
Mathyahu (Mateo) 18:35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Si el Señor nos ha perdonado setenta veces siete, también nosotros podemos perdonar al hermano aunque nos ofenda varias veces.


