Evangelio de Mateo

Capítulo 2 de 28

Mateo 2

Nacimiento de Yahshúa (Jesús).

7 min de lectura Parte 1 de 2Nueva Generación Proyecto Vida

El tema general del capítulo dos de Mathyahu (Mateo) es el nacimiento de Yahshúa (Jesús). Sin embargo, el autor no se enfocó en los detalles del nacimiento, tal como lo hizo Lucas (Lucas 2:1-20). Su enfoque está en varias señales y profecías vinculadas con ese nacimiento.

  • Una estrella como señal de su venida.
  • El lugar del nacimiento: Belén.
  • La visita a Egipto.
  • El lloro por la muerte de los niños.
  • Conocido como nazareno.

Recordemos que uno de los objetivos del Evangelio de Mathyahu (Mateo) es probar que Yahshúa (Jesús) es el Mesías profetizado en las Escrituras hebreas.

Los sabios del oriente

La primera profecía que menciona Mathyahu (Mateo) está vinculada con la visita de unos sabios del oriente, quienes llegaron a conocer a Yahshúa (Jesús) cuando éste nació.

Mathyahu (Mateo) 2:1-2 Cuando Yahshúa (Jesús) nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

¿Quiénes eran estos «magos» que buscaban al rey de los judíos? En la traducción al griego usaron la palabra magos, y por eso se tradujo así al español. Sin embargo, la versión en hebreo dice Jajamim, que quiere decir «hombres sabios».

Hay muchas conjeturas sobre la identidad de estos sabios del oriente, pero hay una explicación muy simple que va a tono con el contexto histórico de ese tiempo. En la cultura judía, a los hombres que estudian la Torá se les conoce como jajamim. Y en el tiempo de Yahshúa (Jesús) había una gran colonia de judíos en Babilonia: los que quedaron allí después del cautiverio. Sólo el 5% de los judíos que fueron llevados cautivos regresaron a la Tierra Santa; el resto se quedó en Babilonia. De hecho, en el tiempo de Yahshúa (Jesús) había más judíos en Babilonia que en la Tierra de Israel.

Los sabios que buscaron a Yahshúa (Jesús) no eran «magos paganos», sino judíos expertos en la Torá y los profetas. Como tales, conocían muy bien las profecías sobre el Mesías Rey, una de las cuales está en el libro de Daniel, profeta que vivió en Babilonia.

La Biblia describe a Daniel como un estudioso de la profecía bíblica. Estaba familiarizado con las profecías de Yirmeyah (Jeremías) y conocía la revelación de cuántos años duraría el exilio en Babilonia. Cuando se acercó el tiempo, Daniel buscó revelación de YAHWEH (Jehová).

Daniel 9:2-3 en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló YAHWEH (Jehová) al profeta Yirmeyah (Jeremías), que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a YAHWEH (Jehová) el Elohim (Dios), buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.

Daniel se dispuso en ayuno y oración a entender los tiempos de YAHWEH (Jehová). No sólo le fue confirmado que el imperio babilónico estaba a punto de caer y que los judíos serían liberados: aún más importante, le fue revelado cuándo aparecería el Mesías.

Daniel 9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

No entraremos en los detalles de esta profecía porque es tema de otro largo estudio, pero bástenos saber que los sabios judíos en Babilonia la habían estudiado. Habiendo hecho cálculos, esperaban la llegada del Mesías precisamente en los tiempos de Yahshúa (Jesús). Para confirmar la profecía, también apareció una estrella brillante en el cielo, que los sabios interpretaron como otra señal del Mesías.

La estrella

En la Torá (Pentateuco) hay una profecía que hace mención de una estrella.

Números 24:17 Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.

Tradicionalmente, los comentaristas judíos han interpretado este versículo como una señal que anunciará la llegada del Mesías. Cuando «salga la estrella de Jacob», entonces «se levantará rey en Israel». Esto es lo que tenían en mente los sabios judíos, y por eso siguieron la estrella buscando al que iba a ser rey en Israel.

Mathyahu (Mateo) 2:9-10 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

Honra y regalos

La estrella guió a los hombres sabios hasta el lugar donde estaba el niño que sería el Mesías. Tal vez se sorprendieron al encontrarlo en un entorno tan simple, pero lo honraron como a un rey.

Mathyahu (Mateo) 2:11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

En la tradición hebrea no está permitido postrarse ni adorar a nadie más que a YAHWEH (Jehová). Por esa acción es evidente que los sabios reconocieron que Yahshúa (Jesús) no sólo era el Mesías, sino también el Hijo de YAHWEH (Jehová). Y le llevaron regalos, como se suele hacer con los reyes en una visita oficial. Cada regalo representa un rol del Mesías.

  • Rey: el oro era un regalo para la realeza.
  • Novio: el incienso era usado como ungüento y perfume para los novios.
  • Redentor: la mirra era usada para embalsamar a los muertos, y habla de la muerte de Yahshúa (Jesús) en la cruz para perdón de nuestros pecados.

La noticia del Mesías

Retrocedamos un poco en la narrativa para ver cómo reaccionó la gente ante la llegada de estos sabios judíos a Jerusalén. Ellos llegaron en busca del Mesías, y su visita no pasó desapercibida.

Mathyahu (Mateo) 2:3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Más adelante veremos por qué el rey Herodes se turbó ante esta noticia. Ahora veamos cómo reaccionaron los líderes religiosos.

Mathyahu (Mateo) 2:4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mashíaj.

Los sabios conocían bien las Escrituras, pero queda la duda de si los sacerdotes de ese tiempo estaban familiarizados con las profecías, ya que les preguntaron a los visitantes sobre el lugar donde debía nacer el Mesías. Los sabios respondieron citando una profecía de Mijah (Miqueas).

Mathyahu (Mateo) 2:5-6 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.

Leamos ahora la profecía en Mijah (Miqueas), porque revela aún más detalles del Mesías: tanto de la primera como de la segunda venida, y aun desde el principio de la creación.

Mijah (Miqueas) 5:2-4 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Rey de Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel. Y él estará, y apacentará con poder de YAHWEH (Jehová), con grandeza del nombre de YAHWEH (Jehová) su Elohim (Dios); y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.

Belén de Judea

Mathyahu (Mateo) consideró necesario explicar que Yahshúa (Jesús) había nacido en Belén, ya que todos los que lo conocían sabían que había vivido en la región de Galilea: en Nazaret durante su niñez y en Capernaum durante su ministerio. Todos creían que había nacido en Galilea, pero era importante aclarar que nació en Belén, cumpliendo la profecía mesiánica.

Esto sucedió porque el censo obligó a Yosef (José) y a Miryam (María) a viajar a Belén, ya que ambos eran descendientes de David y sus ancestros provenían de ese pueblo (Shemuel Alef (1 Samuel) 17:12).

Belén en hebreo es Beit Lejem, que literalmente significa «Casa del Pan». No es casualidad que luego Yahshúa (Jesús) haya dicho: «Yo soy el Pan de Vida» (Yojanan (Juan) 6:30-35).

La noticia de que la llegada del Mesías estaba cerca ciertamente causó conmoción en Israel, y una gran expectativa.